miércoles, 24 de febrero de 2010

¿CÓMO NO ESCRIBIR DE AMOR?

Y... ¿cómo no escribir de amor? Si de amor está hecha la vida y de él, se sustenta no sólo la mía, sino la de ella, la de él, la de aquel, la de aquella otra e, incluso, la tuya.
¿Cómo no escribir de amor? Si el amor le da alas a mis sueños para que alcen el vuelo hacia nubes de ensueño donde poder pasear sin mirar atrás.
Si levanta castillos de arena en medio del mar, cimentando su sustento en la fe del sentimiento que lidia con las furiosas olas de la razón; al tiempo que eleva sus almenas hacia el cielo con la intención de tocar los rayos de sol o, tan siquiera, rozarlos.
Si es capaz de deshelar un glaciar con la mínima chispa de un corazón enamorado, de entonar el eco a su latido en una diáfana pradera; o de hacer florecer la más bella rosa en el mismísimo desierto, yermo ya por el tórrido paso del tiempo, de inclemencias meteorológicas y demás circunstancias.
¿Cómo no escribir del amor? Si, una vez mis ojos se abren, es el amor el que mueve mi cuerpo, aviva mis latidos y dibuja en mis labios una feliz sonrisa que busca en los labios anhelados su reflejo.
Si mi cuerpo es un manojo de nervios, cuando se encuentra cerca del cuerpo deseado; si mi corazón brinca tan vigoroso que casi se adentra en el pecho de mi amada en busca de un abrazo eterno que haga suyo el corazón por el que muere en cada suspiro.
Acaso, ¿podría escribir de otra cosa?
Tal vez, sí; pero no quisiera perder el tiempo que me queda por vivir escribiendo por temas vanos y ufanos, en vez de escribir de amor. De cuánto me hace sentir y de cuánto puedo hacer sentir compartiéndolo con ella, con él, con aquel, con aquella otra o, incluso... contigo.

Datrebil